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El viejo y el mar

Significado de la obra

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La obra narrativa de Hemingway que quiere ser un desafío a la imaginación del ser humano y un homenaje a su valentía y a su grandeza moral (al margen, por supuesto, de toda religiosidad, y en un sentido acaso cercano al nihilista de quien confía sólo y exclusivamente en lo inmediato). Un desafío por cuanto que en pleno siglo XX el hombre debe seguir descubriendo e inventando formas de enfrentarse a su destino conservando al mismo tiempo la cordura; ya que en esa fidelidad a su destino el hombre encuentra el punto de referencia de su coherencia y de su respeto a sí mismo y a los demás. Por eso hay ya en las primeras obras de Hemingway una decidida apuesta por la búsqueda de un norte moral, de unos comportamientos y unas pautas que conjuguen el rechazo del caos con la construcción de una vida sencilla y llena de fe en el hombre.

Su obra incide más en el aspecto de la nobleza del individuo, capaz de enfrentarse por sí solo a un mundo hostil, trágico, del que la naturaleza y la muerte son los mayores símbolos. El viejo y el mar (The old man and the sea, 1950), posiblemente uno de sus mejores relatos, donde un anciano pescador se enfrenta valerosamente a la naturaleza y a la muerte sólo por demostrarse su capacidad de luchar todavía contra el mar: aunque la muerte parece rozarlo, su ilusión y su grandeza lo salvan de ese “último día” y le abren la luz de nuevos soles. Y en esta idea podríamos encontrar un sentido existencial a la obra: el ser humano, solo en el mundo, ha de luchar hasta el final, a pesar de que sabe que será derrotado, porque en ese final siempre está la muerte.

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