El viejo y el mar

Obra de Ernest Hemingway

Página 49

—¿No? —dijo el viejo, y le clavó la hoja entre las vértebras y el cerebro. Ahora fue un golpe fácil y el viejo sintió romperse el cartílago. El viejo invirtió el remo y metió la pala entre las mandíbulas del tiburón para forzarlo a soltar. Hizo girar la pala, y al soltar el tiburón, dijo:

—Vamos, galano. Baja, déjate ir hasta una milla de profundidad. Ve a ver a tu amigo. O quizá sea tu madre.

El viejo limpió la hoja de su cuchillo y soltó el remo. Luego cogió la escota y la vela se llenó de aire y el viejo puso el bote en su derrota.

—Deben de haberse llevado un cuarto del pez y de la mejor carne —dijo en voz alta—. Ojalá fuera un sueño, y que jamás lo hubiera pescado. Lo siento, pez. Todo se ha echado a perder.

Se detuvo y ahora no quiso mirar al pez. Desangrado y a flor de agua parecía del color de la parte de atrás de los espejos, y todavía se veían sus franjas.

—No debí haberme alejado tanto de la costa, pez —dijo—. Ni por ti, ni por mí. Lo siento, pez.

«Ahora» —se dijo— «mira la ligadura del cuchillo, a ver si ha sido cortada. Luego pon tu mano en buen estado, porque todavía no se ha acabado esto.»

—Ojalá hubiera traído una piedra para afilar el cuchillo —dijo el viejo después de haber examinado la ligadura en el cabo del remo—. Debí haber traído una piedra.

«Debiste haber traído muchas cosas» —pensó—. «Pero no las has traído, viejo. Ahora no es el momento de pensar en lo que no tienes. Piensa en lo que puedes hacer con lo que hay.»

—Me estás dando muchos buenos consejos —dijo en voz alta—. Estoy cansado de eso.

Sujetó la caña bajo el brazo y metió las dos manos en el agua mientras el bote seguía avanzando.

—Dios sabe cuánto se habrá llevado ese último —dijo—. Pero ahora pesa mucho menos.

No quería pensar en la mutilada parte inferior del pez. Sabía que cada uno de los tirones del tiburón había significado carne arrancada y que el pez dejaba ahora para todos los tiburones un rastro tan ancho como una carretera a través del océano.

«Era un pez capaz de mantener a un hombre todo el invierno» —pensó—. No pienses en eso. Descansa simplemente y trata de poner tus manos en orden para defender lo que queda. El olor a sangre de mis manos no significa nada, ahora que existe todo ese rastro en el agua. Además, no sangran mucho. No hay ninguna herida de cuidado. La sangría puede impedir que le dé calambre a la izquierda.

Este sitio web, recopila, ordena y presenta datos públicos disponibles en internet pero no garantiza la veracidad de los mismos.
Navegar por este sitio web implica la aceptación de nuestras políticas de uso y privacidad.
2012 - 2014, Jorge Naranjo y Stalin Jiménez
Creative Commons License