Menú Buscar
Ir al contenido
X
X
El viejo y el mar

Página 27

Sponsors

Se acomodó confortablemente contra la madera y aceptó sin protestar su sufrimiento. Y el pez seguía nadando sin cesar, y el bote se movía lentamente sobre el agua oscura. Se estaba levantando un poco de oleaje con el viento que venía del este, y al mediodía la mano izquierda del viejo estaba libre del calambre.

—Malas noticias para ti, pez —dijo, y movió el sedal sobre los sacos que cubrían sus hombros.

Estaba cómodo, pero sufría, aunque era incapaz de confesar su sufrimiento.

—No soy religioso —dijo— Pero rezaría diez padrenuestros y diez avemarías por pescar este pez, y prometo hacer una peregrinación a la Virgen del Cobre si lo pesco. Lo prometo.

Comenzó a decir sus oraciones de modo mecánico. A veces se sentía tan cansado que no recordaba la oración, pero luego las decía rápidamente, para que salieran automáticamente. «Las avemarías son más fáciles de decir que los padrenuestros», pensó.

—Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Luego añadió:

—Virgen bendita, ruega por la muerte de este pez. Aunque es tan maravilloso.

Dichas sus oraciones y sintiéndose mejor, pero sufriendo igualmente, y acaso un poco más, se inclinó contra la madera de proa y empezó a activar mecánicamente los dedos de su mano izquierda.

El sol calentaba fuerte ahora, aunque se estaba levantando ligeramente la brisa.

—Será mejor que vuelva a poner cebo al sedal de popa —dijo—. Si el pez decide quedarse otra noche, necesitaré comer de nuevo y queda poca agua en la botella. No creo que pueda conseguir aquí más que un dorado. Pero si lo como bastante fresco, no será malo. Me gustaría que viniera a bordo esta noche un pez volador. Pero no tengo luz para atraerlo. Un pez volador es excelente para comerlo crudo y no tendría que limpiarlo. Tengo que ahorrar ahora toda mi fuerza.

«¡Cristo! ¡No sabía que fuera tan grande!»

—Sin embargo, lo mataré —dijo—. Con toda su gloria y su grandeza.

«Aunque es injusto —pensó—. Pero le demostraré lo que puede hacer un hombre y lo que es capaz de aguantar.»

—Ya le dije al muchacho que yo era un hombre extraño dijo—. Ahora es el momento de demostrarlo.

El millar de veces que lo había demostrado no significaba nada. Ahora lo estaba probando de nuevo. Cada vez era una nueva circunstancia y cuando lo hacía no pensaba jamás en el pasado.

↑ Ir al inicio

↑ Ir al inicio