El viejo y el mar

Obra de Ernest Hemingway

Análisis de la obra

Las obras de Hemingway tratan del hombre y la naturaleza, la lucha y el heroísmo, la fuerza moral y la soledad, el desposeimiento y la grandeza del fracaso. El viejo y el mar es, quizá, la culminación de estos temas en la obra del narrador norteamericano; por ello podemos encontrar todos y cada uno de ellos en la obra que estudiamos, aunque el tema central es el de la derrota, que dota de mayor dignidad al ser humano, quien, a pesar de que presiente que va a fracasar, sigue luchando hasta el final.

El protagonista, el viejo Santiago, que ha conocido tiempos mejores, es un derrotado por la vida (vive en una situación miserable, de la caridad de Manolín al comienzo de la narración), aunque continúa en su lucha cotidiana (la pesca, aun cuando no ha pescado nada a lo largo de 84 días). Algo hay en ese viejo pescador, su dignidad de ser humano, que le hace ser respetado por el muchacho (y por algunos habitantes de la aldea, como vemos al final). Vive en casi completa soledad, rodeado sólo de recuerdos (y entre ellos estaría también su conocimiento del béisbol), y trabaja ahora en soledad (constantemente echa en falta al muchacho en su trabajo), porque para todos es un derrotado. Él todavía cree en sí mismo (el 85 podría ser su número de la suerte), ya que su combate en la vida es noble y espera ser correspondido.

Esa lucha se desarrolla, como hemos dicho, en la soledad del mar, rodeado de agua y de peces que no pican, pero él encuentra en todo la nobleza, dignidad y hermosura de una vida plena, en la que cada uno gana aquello por lo que lucha. No cree que pueda ser derrotado (“El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”), porque antes será destruido: la lucha, como la de un héroe griego contra su destino trágico, da altura moral al personaje, incluso hermosura; lucha contra el pez, su “hermano”, en el que encuentra también nobleza y dignidad, porque lucha para sobrevivir, esperando conseguir un triunfo que la vida le negaba hasta entonces; pero lucha contra los tiburones aun sabiendo que nada conseguirá, que sólo quedará el testimonio de que lo había logrado; lucha a pesar del dolor y la desesperación, porque sabe que sólo eso es la vida.

La aceptación del fracaso y de la muerte. “¿Qué es lo que te ha derrotado, viejo?”, piensa Santiago, y el lector también se lo pregunta. Santiago ya es inicialmente un perdedor y a lo largo del libro no cesa de luchar contra todo tipo de vicisitudes. Lo hace sin desmayo, como si con cada obstáculo se creciera y tuviera recursos para afrontar el problema siguiente. Sabe que “el mundo está lleno de depredadores” y que con ellos la única consigna es “matar o morir”, pero esto no le convierte en un ser fatalista. La muerte es inevitable pero no tenemos por qué aceptarla sin luchar previamente. Pero si la muerte nos va a derrotar indefectiblemente, ¿para qué resistirse a ella? De hacer caso a quienes creen ver en las alusiones a Cristo una intención de equiparar su figura a la del viejo, habría que preguntarse si Hemingway quiso crear un personaje capaz de trascender a la propia ley de vida y, de ser así, a quién pretendía redimir Santiago. Tampoco parece probable que el escritor quisiera dotar a su personaje del mismo pensamiento que el poeta Wallace Stevens, aceptando que “la muerte es la madre de la belleza”. De manera que lo más presumible es que Santiago represente al hombre en su más pura esencia, ese hombre al que se puede destruir pero no derrotar y cuya única manera de defender su honor es a través de una lucha que no cambiará al resto de la humanidad pero la dignificará.

Símbolos. Joe DiMaggio Encarna la fuerza y constancia del ser humano para conseguir cualquier reto, incluso en las peores condiciones físicas. A los ojos de Santiago, DiMaggio representa la figura del héroe porque ha sido el mejor bateador de la historia del béisbol, pero también por su fortaleza y enorme espíritu de sacrificio. Joe, a pesar de padecer espolón calcáreo (algo por lo que otros jugadores habrían abandonado el deporte), siguió jugando durante quince años sin que descendieran ni su resistencia ni su calidad. Santiago recurre a la memoria del jugador para sacar fuerzas de flaqueza en los momentos de debilidad física, lo que parece indicar que la idolatría de Santiago va más dirigida hacia los personajes terrenales que hacia los divinos.

El marrajo y los otros tiburones. El marrajo, como el marlín, es bello, fuerte, valiente, el único tiburón que Santiago respeta y por lo tanto representa otro símbolo heroico, en contraste con el resto de los tiburones, simples depredadores a los que Santiago desprecia y con los que no gana ninguna gloria cuando batalla con ellos. El conjunto de los tiburones encarna las leyes destructivas del universo contra las que sólo vale la pena combatir cuando se lucha en términos de igualdad.

Los leones. Aparecen tres veces y aunque, además de la belleza y la libertad, representan valores universales como la fuerza, la valentía y la resistencia, no deja de ser enigmática su presencia. Al mismo tiempo, son los símbolos más personales, asociados con la juventud de Santiago, y también los que proporcionan al viejo sus momentos más placenteros. Sueña con ellos por primera vez antes de su última expedición al mar y es el sueño más explícitamente descrito. La segunda, cuando se encuentra en la barca, mientras sujeta el sedal con la mano derecha, adormecido por el esfuerzo de luchar contra el marlín. Y por último, Santiago vuelve a soñar con los leones al final de la novela, una vez que ya descansa en la cabaña y mientras Manolín lo contempla. (...). Santiago, para alejarse de los sinsabores de la vida, en los que se incluye su vejez, se escapa en sueños a las playas africanas, con los leones que simbolizan su juventud perdida.

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